DÍA MUNDIAL DEL ALZHEIMER
- Mario González Sánchez
- 21 sept 2025
- 2 Min. de lectura

DÍA MUNDIAL DEL ALZHEIMER
21 de septiembre
Relato basado en hechos reales
Esta historia está cargada de momentos de profunda vulnerabilidad, de lágrimas silenciadas y de un dolor que, aunque suavizado por el paso de los años, sigue pesando como una carga imposible de soltar, un recuerdo que se resiste a desvanecerse en la nebulosa del tiempo. No busco compasión ni exponer una tragedia que ya ha quedado atrás en muchos aspectos. El tiempo, con su inevitable transcurrir, ha logrado curar algunas heridas que habían quedado abiertas. Pero a veces, ni el paso del tiempo es suficiente para borrar imágenes, recuerdos y momentos que quedaron marcados a fuego en nuestra memoria. Hay escenas que, por más que intentemos ocultar, resurgen con la intensidad con la que fueron vividas. Muchas personas afrontan cada día el dolor de ver a un ser querido desvanecerse poco a poco, como si la memoria fuera un río que se lleva los recuerdos y las palabras, dejando solo una sombra de lo que alguna vez fueron. Y, sin embargo, la experiencia es única para quienes la vivimos. No hay dos historias iguales, aunque el dolor sea el mismo.
Mi relato no pretender ser una lección ni un diagnóstico médico sobre el alzhéimer. Más bien, quiero compartir lo que sucedió en mi vida, en mi mundo, a medida que la enfermedad fue arrastrando a una persona querida hacia el abismo de la confusión y el olvido. Quiero que estas páginas sirvan como un reflejo de lo que puede suceder cuando los recuerdos se desvanecen y las identidades se disuelven, cuando el alma de una persona parece perderse en la niebla de una memoria fragmentada. Quizá, con el tiempo, las cicatrices de esta experiencia terminen por difuminarse completamente. Pero en mi corazón, sé que hay momentos que jamás podrán ser borrados. No porque no lo desee, sino porque las huellas de esta enfermedad, aunque invisibles, permanecen grabadas en el alma de quienes la viven de cerca. Y tal vez esa sea la razón por la que, después de tanto tiempo, siento la necesidad de compartirlo. Porque, aunque el alzhéimer borra los recuerdos, no borra el dolor, ni el amor, ni la necesidad de ser escuchados.




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